Orgasmos

Marioska F. N.

En algún momento de mi vida se me empezó a hacer difícil distinguir si amaba de una forma auténtica.

No sabía si mis orgasmos eran reales o solo dolían. Si sentía un dolor disfrazado de placer que ardía y me hacía desear más, o si la costumbre había aumentado mis ganas de sentirme viva mediante el sexo.

Nunca me saciaba, siempre tenía un hambre voraz.  

Sus dedos me llenaban, me vaciaban y me volvían a llenar. Hasta dejarme siempre con misma sensación, ganas de más.

Pero un día me encontré sin apetito, no entendía por qué, si siempre me dejabas enfática de ti, si cuando tus ojos se desviaban, mis ganas se iban contigo.

Pero eventualmente se hacía cada vez más regular esa sensación de insatisfacción, de que nunca me alcanzará nada. Quise saber que se sentía. Estaba convencida de que nunca lo había sentido con otras personas. Solamente cuando me autosatisfacía.

Pienso que la sexualidad es compleja, incluso más que la cabeza. A veces de tanto fingir se hace difícil distinguir de la realidad o la fantasía.

Falta descubrir otros tipos de orgasmos, los mentales. Esa conexión de poder sentir que van a la par con cada gemido y movimiento. Cómo hacer música e irremediablemente tocar al unísono. Porqué así se debería sentir, claro que son orgasmos diferentes, y en esa diferencia radica lo esencial de una persona.

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