Musa – Vientos del Pasado

Vientos del pasado

Marioska F. N.

“Recordar es morir, lo sé, pero de vez en cuando muero”

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Al volver a la casa ya se había hecho de noche. Por alguna razón siempre que estaban juntos el tiempo pasaba volando y las horas parecían minutos. A pesar de que eran adultos de 23 y 22 años todavía vivían con sus padres por lo que ninguno se atrevió a terminar el encuentro en sus habitaciones. Prefirieron esperar, eso lo hacía más divertido al menos para Inés porque Ben se moría de ganas de penetrarla. Esa noche después de dejarla en su casa se masturbó pensando en ella.

Las madres tienen ese sexto sentido. Pueden saber exactamente que sucede sin ni siquiera preguntar. Juana noto una sonrisa tonta en la cara de su hija Inés que recordaba divertida el encuentro en el bosque

-¿hija, porque estas sonriendo tanto? Dijo mientras la observaba curiosa.
-¿Cómo?
– Estas diferente, ¿Paso algo con benjamín?
-Lo usual mami, solo lo usual. Todavía sigue siendo inmaduro, no sabe controlarse.

Las dos soltaron una risita mientras terminaban de cenar. En un momento la cara de Juana cambió completamente. Se puso seria y continuó.

-¿Sabes porque volvimos aquí?
– Si, para que te recuperes.
– Entonces no me hagas preocupar. Creo que no hace falta que te diga que no puedes estar con ese chico, ¿no?
– No
– Tu papa sospechaba que…
– Ya basta, tienes que arruinar la cena con estas cosas.
– Perdón solo quería… Inés se levanta de la mesa y deja el plato medio lleno.
– Hija todavía no terminaste de cenar!
– No puedes hablar de una persona que está muerta y pretender que siga teniendo apetito

Ya en su habitación Inés lloro hasta que se quedó dormida con la almohada empapada. La muerte de su padre había marcado un antes y un después en su vida. Sus personalidades se peleaban entre la vida y la muerte. A veces sus ganas inmensas de vivir podían con todo, pero cuando volvía al pasado con sus recuerdos una fuerza se apoderaba de ella y le impedía incluso moverse. Como una parálisis del sueño que la sumergía a la más oscura depresión.

 A la mañana siguiente Ben fue a buscar a Inés como de costumbre, pero ella no estaba. Juana le había dicho que se había levantado temprano para ir a la capital. Al parecer tenía un trabajo importante ya pactado por su agencia. Esto lo descolocó un poco, ella no le había contado de ese trabajo y él tenía unas ganas locas de verla de nuevo. 

– ¿Quieres tomar un café? Prosiguió Juana, como de costumbre.
– No, gracias. Ya tomé
– Dale, al menos acompáñame un rato o ¿tienes algo más que hacer? 
– No mucho… Pensaba ir al conuco
– Ah
– Igual me puedo quedar un rato
– Genial, porque le hice el desayuno a Inés y ni lo toco. Me da pena tirarlo

Juana saco un increíble desayuno con sándwich de tomate, queso y albahaca. Una bandeja de frutas tropicales, jugo y café. Ben no pudo resistirse y aceptó con los ojitos brillosos.  Mientras Juana lo bombardeaba con preguntas…

– Y Ben me dijo tu mama que terminaste la universidad?
– Si
– Ingeniero agrónomo. Me haces acordar a mi difunto esposo. El amaba tanto el campo y la naturaleza
– Sí, mucho de lo que sé, me lo enseño él.
– Eras como su hijo. Dijo mientras lo miraba fijo con una sonrisa avasalladora.

Ben termino el desayuno y prosiguió a ir al conuco a ver cómo iba la cosecha. Mientras Inés ingresaba en el estudio fotográfico en Santo Domingo.

– Hola querida, estas hermosa.
– Gracias Alan, Estoy exhausta. No pude dormir muy bien anoche
– ¿De nuevo la parálisis?
– Si, últimamente me sucede cada vez más seguido. Incluso en el auto mientras venia sucedió.
– Bueno. Olvidemos esto, mientras menos lo pienses mejor. Ya va a pasar ¿desayunaste?
– Si
– Bueno anda a maquillaje. Así ya te empiezan arreglar y arrancamos
– Dale

A pesar de lo demacrada que estaba después de colocarle el maquillaje y el look entero la cara de Inés cambio completamente. Se veía rejuvenecida y feliz. Parecía que el maquillaje tenía un efecto incluso psicológico en ella. Olvidó todo y volvió a ser la misma, con esa alegría contagiosa que tanto la caracterizaba. Todos parecían estar bajo su hechizo, era amada y admirada. Eso la hacía sentir importante.

Al terminar la sesión vio un mensaje de Benjamín que preguntaba a qué hora volvía. Eso la desestabilizó de nuevo. No sabía qué hacer con eso que sentía por él.  Fue su idea que volvieran al campo para que su madre se recupere, pero en parte fue porque ella deseaba pasar tiempo con él. 

-«Tengo otros trabajos pactados». Respondió
– Vuelve pronto, muero por volver a besarte.
– En unos días estoy por allá. Pasa a verla a mama de vez en cuando, no le gusta estar sola y más en esa casona vieja.
– Hoy comí tu desayuno. Espero que te alimentes bien allá.
– Si, gracias <3

Esa noche Inés fue a tomar unas copas al terminar el trabajo. Tomó tanto que terminó enredada con uno de sus compañeros de agencia. Tuvieron sexo duro toda la noche. Se sacó todas las ganas que tenía de que le estrujaran. Todas sus frustraciones se iban mientras la ahorcaban con fuerza y la penetraban. Era como si sus problemas no existieran, incluso ella misma desaparecía con cada gemido.

A la mañana siguiente despertó con una terrible resaca. Le explotaba la cabeza, a su lado uno de los modelos de la producción. Su cara era hermosa y podía perderse cualquiera con solo mirarlo. Ella tomó sus cosas y se fue al hotel. Dentro de unas horas tenía otra producción, tomo una ducha fría y después un té.  Llamó a su madre mientras desayunaba, para saber cómo estaba.

– Buen día, ¿cómo estás?
– Hija mía. Mira quien vino a desayunar conmigo
– Holaa, dijo Ben con tono dulce.
– Wao! que linda sorpresa. Así puedo arrancar el día mejor
– Yo también dijo Ben con una sonrisa.
– ¿vuelves no?
– Si Ma, hoy a la tarde estoy por allá
– Que bien, ya no soporto más estar sola en esta casa. Te juro que estuve sintiendo ruidos raros a la noche.
– Debe ser tu imaginación mama. Bueno, los tengo que dejar ya me pasan a buscar y los veo muy bien acompañados.
– Suerte en el trabajo, dijeron los dos al unísono

Ben sintió rara a Inés, más distante que de costumbre, como lejana a él. Eso le preocupó. No sabía si debía decirle. Quizás para ella lo que paso ese día no fue nada, aunque para él haya sido la experiencia más gratificante, incluso más que cuando ve crecer un cogollo.

Inés no le dijo nada de su trabajo y tampoco que volvía hoy a la tarde.  Tenía una sensación rara, a la vez le emocionaba volver a verla, pero también tenía miedo de que algo hubiera cambiado. El tiempo pasó lento para Benjamín, que deseaba que llegara la tarde, y para Inés la cual se estaba desintoxicando de la borrachera de ayer. 

A las 19 hs aproximadamente se acercó un coche, Ben justo estaba volviendo de huerto. Estaba sucio y tenía un jardinero puesto. Inés a diferencia de é llevaba un exquisito perfume, un maquillaje espléndido y una camisola con unas texanas.

Él se volvió a enamorar cuando la vio, olvidó todas las dudas que tenía y se acercó rápido a ella. La cual lo miraba con ternura, como a un nene. Lo abrazo y se quedó un rato recostada en su hombro. Se sentía en casa, la tranquilidad que le daba estar cerca de él hacía que pudiera olvidar todo. Su trabajo, su madre e incluso su difunto padre. Antes de que Ben pudiera decir algo soltó espontáneamente una invitación a cenar

– ¿Cenamos juntos?
– ¡Si!, dijo con entusiasmo

Juana observaba de lejos, sentada en una silla mientras oscurecía. Inés al verla se acercó a su madre y también le dio un abrazo. Estaba tan feliz de ver a su hija que no podía dejar de sonreír.

– Vamos adentro, dijo y la tomo del brazo. Hoy tenemos un invitado a cenar
– ¿Viene Ben?
– Sí
– Perfecto, ya sé que podemos preparar.

Ben tomó una ducha, uso colonia y vistió moderadamente bien. Tampoco quería parecer demasiado desesperado. Su madre lo observaba inquieta.  

– ¿Dónde vas?
– Voy a cenar con Inés y Juana ¿No quieres venir?
– Hoy paso, estoy muy cansada
– Dale, se acercó y le dio un beso en la frente
–  Mándale saludos de mi parte

Inés y Juana lo esperaban con la cena hecha. Los 3 se sentaron a cenar y a charlar. La madre de Inés era la mujer más divertida y abierta que pudiera conocer. Incluso hablo de sus amoríos del pasado a carcajadas por las tragedias amorosas que había pasado. Su primer esposo la engaño completamente. La convenció de irse con él y abandonar a su familia en una época en la cual era una aberración. Ella aceptó y huyo con él.

A la semana su tierna pareja se había transformado en un machista violento, que la maltrataba, pero ella tenía tanto carácter que terminaba golpeándolo también. Lo sacaba de la casa y lo dejaba dormir a fuera. Para que no pudiera tocarla, él se iba y volvía borracho a la madrugada tocando la puerta. Esto se repetía seguido. Hasta que una vez le rompió la cabeza con una llave inglesa.

Ahí reaccionó y decidió irse antes de que fuera demasiado tarde. Sólo dijo que si seguía con él, uno de los dos iba a terminar muerto y no iba a ser ella. Después conoció a su segundo esposo. Era profesor de dibujo en la escuela de un pueblo llamado Bayaguana. Un hombre bondadoso pero el cual ya tenía una familia formada. En un principio no le había dicho nada de su esposa e hijos. La había ayudado a conseguir trabajo como secretaria en una firma y también a conseguir un lugar donde vivir. Después de quedar embarazada de su primera hija descubrió toda la verdad acerca de su nueva pareja. Pero lamentablemente continuó con la relación hasta que perdió por mala praxis a su bebe. Los doctores la habían ahorcado con su propio cordón umbilical. Esto le saco las fuerzas de seguir viviendo, pero también le dio las fuerzas para irse y dejar esa relación tóxica donde era la segunda en todo. Se fue a la capital a trabajar y después de un par de años se casó con Néstor el padre de Inés.

– Néstor era perfecto. Decía
– Ma anda a dormir, ya es tarde. Dijo Inés ya exhausta de tanta nostalgia
– Nosotros limpiamos dijo Ben

Ay Ben, eres tan lindo. Dijo mientras le tocaba los cachetes con las dos manos. Parecía que el vino había surgió efecto en ella. Subió las escaleras medio tambaleante y se dirigió a su habitación. Al terminar de lavar los platos Inés le dijo a Ben.
– ¿Quieres dormir conmigo?
Este asintió y se acercó a ella. La beso con ternura y la alzó en sus brazos para llevarla a su habitación. La colocó en la cama, pero ella lo detuvo antes de que pudiera hacer algo más.
– ¿Podemos dormir solamente? Hoy solo necesito eso
– Lo que quieras señorita Inés

Los dos se acomodaron y se quedaron dormidos al instante. Fue todo tan perfecto, era la dosis exacta para terminar bien un día. Dormir con una persona que incondicionalmente te acepta tal como eres, sin querer cambiarte ni obligarte a nada. Con Ben ella podía ser genuina a su esencia.

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