El consenso afirmativo: una enseñanza del BDSM

Escribe: Nico Eliceche

En la primera nota hicimos una introducción al mundo del BDSM, en donde hablamos del consenso, la comunicación, la negociación. Más adelante, también hablamos sobre la importancia del aftercare, es decir, de los cuidados y atenciones que se recomiendan tener para los momentos posteriores a una sesión.

Siempre planteo la importancia de conocer e informarse sobre estas prácticas, pero no necesariamente por curiosidad sobre las prácticas en sí, sino sobre los “códigos” (como a mí me gusta llamarlo) que rodean al BDSM.

En esta ocasión les voy a contar sobre un estudio psicológico llevado a cabo en EEUU, que habla justamente de esto.

El estudio lo llevó a cabo la Psicóloga Kathryn Klement, para la Universidad del Norte de Illinois, se titula: “Participating in a Culture of Consent May Be Associated With Lower Rape-Supportive Beliefs” (algo así como ‘Participar en una cultura de consentimiento podría estar asociado con menos cantidad de creencias que favorecen las violaciones’).

Si bien el trabajo tomó como universo de estudio a estudiantes de un campus universitario, creo que los conceptos a los cuales llegó pueden ser aplicados a distintas situaciones.

La idea fue analizar, estudiar y comparar cómo los individuos que pertenecían a una subcultura con normas de consenso afirmativa (BDSM), tenían una postura a creer menos en los estereotipos sexistas o en la cultura de culpabilizar a las víctimas, en comparación con personas que no pertenecían a ese mundo.

Antes de continuar, quiero aclarar que no pretendo plantear que el BDSM es mejor o peor que otra cosa, ni que tampoco es absoluto. En todos lados hay imbéciles que no entienden las cosas, y eso también incluye el BDSM; pero sí es verdad que el conocimiento de estos códigos ayuda a identificar cuando se está frente a alguna conducta abusiva, indebida, etc.

Resultados

Aclarado eso… Les cuento que para el trabajo se tomaron 68 personas elegidas al azar, 60 estudiantes del campus universitario y 57 individuos que practicaban BDSM.

Tuvieron que opinar y calificar entre 1 (fuertemente en desacuerdo) y 5 (fuertemente de acuerdo), una serie de frases y actitudes sexistas. Por ejemplo: “Si una chica va a un cuarto con un chico en una fiesta, es su propia culpa si sufre abuso”, o “cuando una mujer va a una fiesta vistiendo ropa atrevida, está pidiendo problemas”.

Es decir, frases típicas de la cultura de culpabilizar a las víctimas, que lamentablemente muchas veces escuchamos, o leemos en comentarios.

La cultura del BDSM está rodeada de prejuicios y estereotipos que la relacionan con prácticas violentas o sexistas, cuando en realidad está muy lejos de eso.

De acuerdo a los resultados, dentro del grupo de BDSM, el 84% respondió que “usar ropa atrevida” no significaba buscarse un problema. En el conjunto del resto de participantes, sólo 45% respondió lo mismo. Es decir, menos de la mitad.

Con respecto a los comentarios sexistas, nuevamente los practicantes de BDSM no estaban de acuerdo con la idea de que la mujer necesita de la protección del hombre por ser “más débil”.

Por el contrario, en la comunidad BDSM no se asume que la mujer va a ser la sumisa durante la sesión.

Me parece interesante este estudio, ya que en cierto modo muestra cómo una cultura a la que rodean muchos prejuicios y estereotipos (violencia, sexismo o sexo poco sano), en realidad está muy alejada de eso.

Conocer la práctica, de manera informativa (no hace falta practicarla), puede enseñarnos muchísimo en relación al sexo con consentimiento.

Como dije anteriormente, aunque pueda parecer repetitivo pero me gusta que quede claro, deberíamos aprender sobre el consenso, consentimiento, comunicación y negociación, para aplicarlo a nuestras relaciones ‘vainillas’.

Para ir terminando, la psicóloga escribe que hablar sobre la cultura BDSM podría ser beneficioso, sobre todo, para combatir los abusos sexuales que ocurren en los “campus de las Universidades” (recuerden que el trabajo estuvo enfocado allí, pero se podría extender hacia otros colectivos humanos, para “combatir las situaciones de abusos”).

Esto podría ser así, ya que el acceso a la información puede ayudar a las personas a reconocer cuando una práctica sexual tiene efectivamente consentimiento de todas las partes involucradas.

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